
En deporte parece que todo el mundo tiene un máster: basta con haber ido al gimnasio, haber corrido en el recreo o haber visto un vídeo en TikTok para sentirse con autoridad. Pero entre la experiencia personal y la práctica profesional hay un mundo. Este artículo repasa, con ironía, cómo se menosprecian la preparación física, la docencia de la Educación Física y la dirección técnica de servicios deportivos, y recuerda que solo con rigor científico y profesionalismo se garantiza la calidad y la seguridad.
En este país nadie le discute a una neurocirujana cómo operar, ni a un arquitecto cómo calcular un puente. Pero de deporte, de actividad física y de educación física… ahí todo el mundo tiene máster.
Porque claro, como todos hemos corrido en el recreo, ido alguna vez al gimnasio o visto partidos por la tele, ya somos expertos.
En PREPARACIÓN FÍSICA, los clásicos nunca fallan:
En EDUCACIÓN FÍSICA ESCOLAR, más de lo mismo:
En DIRECCIÓN Y GESTIÓN DE SERVICIOS DEPORTIVOS, la cosa roza el esperpento:
Como si no existieran la seguridad, la calidad del servicio, la normativa o procedimientos profesionales como la planificación, la adaptación o la individualización.
¿El resultado de este “todo el mundo sabe”? Lesiones que se podrían evitar, adolescentes que salen del colegio odiando la actividad física, servicios deportivos con carencias. Y luego, claro, las culpas nunca son del que opinaba sin tener ni idea, sino del “deporte”, que “no funciona”.
Las y los educadores físico deportivos no trabajamos con ocurrencias: trabajamos con ciencia, pedagogía y planificación. Y esa es la diferencia entre un profesional y un opinador de barra de bar con mallas.
Así que la próxima vez que alguien te diga que “sabe de esto porque lleva años en el gimnasio”, recuerda: hacer pesas no te convierte en preparador físico, igual que cambiar una rueda no te convierte en ingeniero mecánico.
Y si aún crees que “todo el mundo sabe de deporte”, no pasa nada: la realidad se encargará de recordártelo… normalmente con una lesión, un chaval que odia moverse o un servicio deportivo hecho un desastre.
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