
DEPORTE: ESA COSA QUE CUALQUIERA CREE DOMINAR PORQUE VIO UN VÍDEO EN INTERNET
En deporte parece que todo el mundo tiene un máster: basta con haber ido al gimnasio, haber corrido en el recreo o haber visto un vídeo en TikTok para sentirse con autoridad. Pero entre la experiencia personal y la práctica profesional hay un mundo. Este artículo repasa, con ironía, cómo se menosprecian la preparación física, la docencia de la Educación Física y la dirección técnica de servicios deportivos, y recuerda que solo con rigor científico y profesionalismo se garantiza la calidad y la seguridad.
En este país nadie le discute a una neurocirujana cómo operar, ni a un arquitecto cómo calcular un puente. Pero de deporte, de actividad física y de educación física… ahí todo el mundo tiene máster.
Porque claro, como todos hemos corrido en el recreo, ido alguna vez al gimnasio o visto partidos por la tele, ya somos expertos.
En PREPARACIÓN FÍSICA, los clásicos nunca fallan:
El musculitos del gimnasio, que sabe más que cualquier libro porque lleva veinte años “dándole fuerte” al press banca.
Quien perdió 50 kilos y cree que su experiencia personal es el nuevo manual universal de entrenamiento.
El que aparece con la frase estrella: “esto lo vi en TikTok, es facilísimo”. Spoiler: nunca es facilísimo.
En EDUCACIÓN FÍSICA ESCOLAR, más de lo mismo:
“En mi época corríamos detrás de un balón y ya está”.
“Con cuatro vueltas al patio sobra, ¿para qué tanta teoría?”.
O la idea de que la asignatura es para descubrir quién es el más fuerte, el más rápido o el más ágil, cuando en realidad hablamos de educar para la salud, para la convivencia y para moverse toda la vida.
En DIRECCIÓN Y GESTIÓN DE SERVICIOS DEPORTIVOS, la cosa roza el esperpento:
“Gestionar un polideportivo es abrir las puertas y encender las luces, lo demás son tonterías”.
“Los horarios se hacen en un Excel en media hora, no hace falta más”.
“Mientras la piscina esté llena, todo va bien”.
Como si no existieran la seguridad, la calidad del servicio, la normativa o procedimientos profesionales como la planificación, la adaptación o la individualización.
¿El resultado de este “todo el mundo sabe”? Lesiones que se podrían evitar, adolescentes que salen del colegio odiando la actividad física, servicios deportivos con carencias. Y luego, claro, las culpas nunca son del que opinaba sin tener ni idea, sino del “deporte”, que “no funciona”.
Las y los educadores físico deportivos no trabajamos con ocurrencias: trabajamos con ciencia, pedagogía y planificación. Y esa es la diferencia entre un profesional y un opinador de barra de bar con mallas.
Así que la próxima vez que alguien te diga que “sabe de esto porque lleva años en el gimnasio”, recuerda: hacer pesas no te convierte en preparador físico, igual que cambiar una rueda no te convierte en ingeniero mecánico.
Y si aún crees que “todo el mundo sabe de deporte”, no pasa nada: la realidad se encargará de recordártelo… normalmente con una lesión, un chaval que odia moverse o un servicio deportivo hecho un desastre.
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